El comentario de hoy, martes 3 de agosto 2021
Hay quienes opinan que los grandes cambios en este país no habrán de provenir del gobierno, de los partidos o legisladores, sino de la sociedad civil organizada. Hoy mismo existen rubros en los cuales el gobierno federal ha doblado por completo las manos, como es el caso de la inseguridad o ha privilegiado cuestiones superficiales, como fue la famosa consulta del domingo pasado, frente a asuntos trascendentales como es la tercera ola de Covid-19, que sigue diezmando al pueblo de México.
En este entorno se inscriben algunas de las protestas de los últimos tiempos en Oaxaca. Comerciantes establecidos y grupos de la sociedad civil han exigido respuestas respecto a la invasión del Centro Histórico por parte del comercio en la vía pública. El fenómeno se dejó crecer de forma burda. Han invadido hasta espacios emblemáticos para los oaxaqueños, como es frente al Ex Convento y Templo de Santo Domingo de Guzmán.
Comunidades como San Pablo Etla, hicieron valer sus derechos ante el bloqueo que montaron a la altura de Hacienda Blanca, durante cuatro días, indígenas del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente –el MULTI-. No se pueden vulnerar los derechos civiles de terceros, así como así, atentando contra la libre circulación. Una actitud similar y plausible de los vecinos de San Agustín de las Juntas, cuando los cuestionados maestros/alumnos de la Escuela Normal Superior Federal de Oaxaca, amenazaban con bloquear el crucero del Aeropuerto.
O la respuesta de vecinos y autoridades de la agencia de San Felipe del Agua, cuando los mismos de la Normal Superior cerraron el acceso principal, y recibieron una advertencia enérgica y contundente: “o se quitan o viene todo el pueblo a quitarlos”. O la actitud de pobladores de Sarabia, Guichicovi y Boca del Monte, de encapsular a sus rijosos y extorsionadores vecinos de San Juan Mazatlán, Mixe, que cada que se les hinchan los cojones cierran la Carretera Transístmica. Pero, ¿cuál es la lectura de estas experiencias, que el gobierno estatal no debe echar en saco roto? Es el hartago generalizado de que, como ciudadanos, no podamos vivir en paz y con civilidad. Se trata de una lección dura e irrebatible. Es el despertar de la sociedad civil organizada; de los pueblos lacerados constantemente por intereses políticos, económicos y gremiales de dirigentes y titiriteros, que se traducen en el aberrante método del bloqueo carretero. Es la respuesta a diputados complacientes con el chantaje, que se han negado siempre a legislar para regular las protestas y a la política del diálogo y las mesas con las que el gobierno elude su responsabilidad de aplicar simple y llanamente la ley. Ojalá que otros pueblos sigan el ejemplo. (JPA)

